Una habitación. Una espera. Un año.
Hace un año que ocurrió lo inesperado: el hombre que Liane ama desapareció en el agua. Desde entonces, ella permanece suspendida en el tiempo, convencida de que aparecerá de un momento a otro. ¿Por qué si no le envía notas, regalos, que evocan momentos de su historia juntos? Son pequeñas señales dirigidas a alguien que, contra toda lógica, todavía espera.
Liane se resiste a aceptar la palabra viuda. Ella no es una araña. Ella no es la viuda negra.
Pero la noche pasa, y él no aparece. El tiempo pasa, y él no aparece.
Hasta que Liane decide salir de esa habitación y enfrentarse al mundo. Lo recorre, lo observa y fotografía el dolor de los demás mientras intenta comprender el suyo.
Cansada del mundo, Liane regresa finalmente a la habitación.
Y entonces, cuando parece que todo ha terminado, vuelve a aparecer lo inesperado.

